jueves, 4 de septiembre de 2008

Mi último viaje


Me despierto a las cuatro de la madrugada. El mundo se estira como si fuese de goma, otra vez. Tengo una extraña sensación. Todo se deshace, renuncia a su curso vital. No lo entiendo. Trato de entrar en razón, reflexiono “sólo es la misma pesadilla de siempre”, y me calmo. La noche me persigue aún. Giro para el otro lado de la cama buscando protección, pero vuelven aquellas imágenes perturbadoras.

La alarma del despertador me pone al tanto de otra vez llegaré tarde al trabajo. Tengo la certeza de que quien creó los primeros momentos del despertar humano lo hizo como prueba, un examen difícil de sinsentido. La mañana sólo se puede añorar en alguna charla romántica, las primeras horas son ensordecedoras y confusas.

Cuando caigo en la realidad ya me encuentro dentro del colectivo que me acerca a la entrada de la fábrica. El sol ya se halla por encima de mi cabeza, será un día hermoso. Los rayos calientan el techo del Mercedes Benz modelo cincuenta que me deposita todos los días en la monotonía. La primera impresión que se me impregna al subir es el olor avejentado de esa máquina rodante .Aquella hora me recuerda la falta de espacio real. El roce de mi cuerpo con los otros ya no me molesta como en los primeros viajes. Me he habituado a los perfumes extraños y mi instinto desataba pensamientos para poder sobrellevar mi existencia en ese espacio mínimo.

Allí se encuentran los mismos de siempre. La señora calva con sus dos hijos mal criados. El setentón serio, con aire de ver la realidad como con una experiencia oculta. El obrero con manchitas de pintura adheridas a las manos ásperas. Pero también está ella, distinta y ajena a todo, hermosa y distante. Mi mente no puede dejar de jugar con sus piernas.

Me reencarno en tu vista ausente.
Me inclino ante tu viaje, entiendo que me queda poco.
Mis labios sueñan sólo cuando cierras los ojos.
Mi vida se arriesga cuando los abres.
Mi sudor sabe a tu perfume
y ese aire me resigna a respirar.

Un hombre ojeroso exige a uno de sombreo con ala que abra la ventanilla. Este último accede como si la orden al fin cumpliera un deseo propio. El oriental del fondo ríe escuchando su walkman y su carcajada me molesta. Los brazos de un joven corpulento de expresión rancia funcionan de barrera, la distancia que nadie se atreve a traspasar. Y cerca sigue ella, ausente, delicada. No me engaña, puedo adivinar un cuerpo salvaje bajo el vestido discreto.

Envío mensajes que no buscan respuesta.

Me despelleja ese sonido , el misterio de su ropa.
Me encierro en la oscuridad de su alma oculta en piel.
Me entrego a aquel resplandor y exijo mi condena.

Me sorprendo. Un bebé llora en un asiento delantero. Pobrecito, ya se lamenta sin conciencia del mundo. Dos mujeres mulatas protestan sobre el precio de la carne. Un enano que se encuentra en medio del bus se desespera por rozar a una mujer alta. Se excita, pero no consigue concretar la misión. Otro señor, de apariencia anglosajona, está sentado al fondo del bus y pasa las páginas del diario ignorándonos. Sentada junto al él, la mujer gorda del vestido floreado refunfuña cada vez que las hojas del periódico la despeinan. El chofer del bus frena bruscamente e insulta a un peatón.
De nuevo pongo la vista en ella. Está serena y palpitante. Por primera vez su mirada penetra en la mía y me despierta de la pesadilla de las cuatro. Siento dos filos que me atraviesan en una milésima de segundo. Sus profundas pupilas desconfían pero crean para mí un camino de palabras mudas y sonríe.
Hoy he decidido hablarle. El colectivo prosigue su minúscula vida sin reparar en su belleza. Un ruido infernal de máquinas me anticipa que falta poco para llegar. Miró por la ventanilla pero al volver la cabeza ella ya ha descendido, o nunca ha subido en realidad.

3 comentarios:

malditas musas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
malditas musas dijo...

Me honra su confianza, señor ruffian.

Usted tiene buenas ideas... persígalas, no las deje ir
;)

aicarol dijo...

Creo que no hay parte de vos que no entienda. Te admiro tanto...