viernes, 26 de septiembre de 2008

Crupier X

Giovani Santulli es fanático del poker texas no limit. Jugaba muchas horas pero también le gustaba generar largas conversaciones con los croupiers. Se diferenciaba del resto de los jugadores por su parcimonia y buen humor. El lunes a primera hora fue allanada su casa por ser acusado de liderar una de las tantas mafias que trafican en el sur de Italia. Giovani al tener conocimiento de su destino el domingo por la madrugada se despidió de cada uno de los empleados y aunque su noche había estado marcada por la mala suerte, obsequió la propina más generosa que se haya realizado en la historia de los casinos.

Crupier IX

Un señor muy delgado pone una ficha de dos euros en el paño. Cuando la bola rueda este se arrepiente del número jugado y la retira. Al sacar su ficha por el sudor que se acumula en el plástico este levanta dos fichas involuntariamente. El jefe de mesa lo ve y lo acusa con el inspector de sala diciendo:-que te voy a contar, un rumano haciendo de las suyas-.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Crupier VIII

La morenita camina junto a su pareja. Este le dice haciendo gala de sus conocimientos que en el mundo del azar el crupier que tira las bolas con un sentido tiene buen estilo. Lee el panel y descifra que han salido seis tercios seguidos. Apuesta Al tercio por el máximo. Sale el número uno. Pierde. El crupier se excusa diciendo que después del treinta y seis es muy factible que salga el uno. Juega al uno y sus dos vecinos para seguir con la correlatividad. Sale el once. Pierde. El crupier le dice que la jugada era la final uno. El cliente desesperado repite las dos jugadas anteriores más la final uno. Sale el veintidós y vuelve a perder. El crupier le indica que esta vez la jugada a realizar eran los gemelos. Se produce el cambio de tirador de bola y el crupier que le toca lanzar le aconseja que juegue números altos por que él tira fuerte. El cliente saca tres billetes de cien euros y le pide que le juegue los últimos tres números a pleno.

Crupier VII

El chino que se hace llamar Pepe ríe a carcajadas. Arrastra todas las fichas hacia si con las dos manos y dice:-yo fulo, tu colon-.

Crupier VI

El padre le indica al hijo cual es la jugada del éxito. El hijo la ejecuta con inseguridad. Al crupier no le molesta tanto lo absurdo de la secuencia como el humo que desprende la desagradable gárgola del punto siete. El crupier anuncia que gana la banca con nueve. El padre se vanagloria, el hijo imita sus gestos y ríe. El crupier festeja.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Crupier V

El cliente dice que sabe que va a perder. Apuesta. El crupier piensa ¿para que juega? Tira cartas. Black Jack para la banca. El cliente dice que sabía que iba a perder. El crupier piensa: ¿para que jugó? El cliente apuesta, pero esta vez el doble. El crupier miera el reloj que esta colgado en la pared y sigue tirando el pase.

Crupier IV

Golpea imperceptiblemente el tapete. Su compañero mira a su alrededor y ve una señorita joven y guapa con un viejo decrépito. El crupier le muestra una ficha de cien euros a su compañero. Este sonríe y le saca dos fichas de cien. Asiente en silencio. Cargado de energía hace girar los números para que la función continúe.

martes, 23 de septiembre de 2008

Crupier III

Entra a la sala un cliente con un reloj cuyo valor supera los diez mil euros. Pide una copa y tira un fajo de billetes sobre las manos del crupier. Este los cuenta de manera detallada y piensa que dos de esos suman su sueldo. Se acerca un camarero y le sirve una copa, espera la propina. El magnate lo mira de arriba abajo y le dice:-¿que esperas? ¿No ves que no tengo cambio?

Crupier II

Un señor curioso se acerca al cilindro con la partida empezada. Mueve su cabeza como una bomba centrífuga. La bola cae en el cero y al ver que el crupier rastrilla todo para su lado, desconfía. Le pregunta si sabe a dónde va a caer la bola. El crupier sin mover ni un músculo de la cara le dice que si. Con aire amistoso le consulta a dónde va a caer en la siguiente jugada. El crupier con movimientos mecánicos toma el aspa del cilindro y dice:-hagan juego señores- luego tira la bola.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Crupier

Observa ruidos, movimientos y multitud. Pestañea largo. Escucha monedas, billetes y copas. Extraña el silencio. Observa fichas, placas y sus manos ágiles. Observa el tumulto, la euforia y el ansia. Se Observa. Su rodilla se mueve agitada, la frena en seco. Se observa. Su deber es estar serio y tranquilo. Observa.

viernes, 19 de septiembre de 2008

El bar

Carlos apoyó su cerveza en la barra y pidió otra. El camarero lo miró con desaprobación. Entraron borrachos durante toda la tarde. Se le dificultaba mantenerse en pie, aún así exigió otra. El camarero le dijo que ya tenía una en la mano. La reunión de beodos encontró su interrupción cuando entró un bombero preguntando por Carlos el del 2C. Carlos miró a su alrededor, empinó su cerveza y bebió lo último que le quedaba. Gritó al camarero y exigió su última bebida.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

La espera

Chequeó su e-mail y no obtuvo respuesta. Se alteró como un loco. Sonó el teléfono de su casa y al no lograr atender se puso más nervioso. Encendió la TV, la radio y se colocó los auriculares con música a todo volumen. Cerró los ojos para retener las lágrimas que le caían por sus mejillas. Sintió el vibrador del teléfono móvil y se enfureció al leer un spam electrónico. Su corazón le estallaba. No podía soportarlo. Fue al escritorio donde tenía escondida su pistola. Al unísono con el disparo, el timbre de la puerta sonó al compás que un hilo de sangre vertía por el suelo de la sala.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Nuevas relaciones

Todos me decían que perdía el tiempo. Yo también lo creía. Un foro de ocio en una página de Internet se convirtió en mi único entretenimiento. De ahí saqué su correo electrónico. Percibí sus tímidas y acotadas frases en sus primeros e-mail's. Luego con su messenger pude lograr un poco más de fluidez en las conversaciones. También vi su foto por primera vez. Pasados los meses logré conocer sus viajes y su familia en su facebook. Conocí sus graciosos videos por youtube. Al año logré hablar por el skype y sentí la voz. A los dos años tuvimos sexo por primera vez en una videoconferencia. Hoy enciendo mi computadora y me siento acompañado. Pienso en lo infeliz que fui. Espero entrar en su blog, leer alguno de sus poemas y que me movilice los sentidos.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Mi último viaje


Me despierto a las cuatro de la madrugada. El mundo se estira como si fuese de goma, otra vez. Tengo una extraña sensación. Todo se deshace, renuncia a su curso vital. No lo entiendo. Trato de entrar en razón, reflexiono “sólo es la misma pesadilla de siempre”, y me calmo. La noche me persigue aún. Giro para el otro lado de la cama buscando protección, pero vuelven aquellas imágenes perturbadoras.

La alarma del despertador me pone al tanto de otra vez llegaré tarde al trabajo. Tengo la certeza de que quien creó los primeros momentos del despertar humano lo hizo como prueba, un examen difícil de sinsentido. La mañana sólo se puede añorar en alguna charla romántica, las primeras horas son ensordecedoras y confusas.

Cuando caigo en la realidad ya me encuentro dentro del colectivo que me acerca a la entrada de la fábrica. El sol ya se halla por encima de mi cabeza, será un día hermoso. Los rayos calientan el techo del Mercedes Benz modelo cincuenta que me deposita todos los días en la monotonía. La primera impresión que se me impregna al subir es el olor avejentado de esa máquina rodante .Aquella hora me recuerda la falta de espacio real. El roce de mi cuerpo con los otros ya no me molesta como en los primeros viajes. Me he habituado a los perfumes extraños y mi instinto desataba pensamientos para poder sobrellevar mi existencia en ese espacio mínimo.

Allí se encuentran los mismos de siempre. La señora calva con sus dos hijos mal criados. El setentón serio, con aire de ver la realidad como con una experiencia oculta. El obrero con manchitas de pintura adheridas a las manos ásperas. Pero también está ella, distinta y ajena a todo, hermosa y distante. Mi mente no puede dejar de jugar con sus piernas.

Me reencarno en tu vista ausente.
Me inclino ante tu viaje, entiendo que me queda poco.
Mis labios sueñan sólo cuando cierras los ojos.
Mi vida se arriesga cuando los abres.
Mi sudor sabe a tu perfume
y ese aire me resigna a respirar.

Un hombre ojeroso exige a uno de sombreo con ala que abra la ventanilla. Este último accede como si la orden al fin cumpliera un deseo propio. El oriental del fondo ríe escuchando su walkman y su carcajada me molesta. Los brazos de un joven corpulento de expresión rancia funcionan de barrera, la distancia que nadie se atreve a traspasar. Y cerca sigue ella, ausente, delicada. No me engaña, puedo adivinar un cuerpo salvaje bajo el vestido discreto.

Envío mensajes que no buscan respuesta.

Me despelleja ese sonido , el misterio de su ropa.
Me encierro en la oscuridad de su alma oculta en piel.
Me entrego a aquel resplandor y exijo mi condena.

Me sorprendo. Un bebé llora en un asiento delantero. Pobrecito, ya se lamenta sin conciencia del mundo. Dos mujeres mulatas protestan sobre el precio de la carne. Un enano que se encuentra en medio del bus se desespera por rozar a una mujer alta. Se excita, pero no consigue concretar la misión. Otro señor, de apariencia anglosajona, está sentado al fondo del bus y pasa las páginas del diario ignorándonos. Sentada junto al él, la mujer gorda del vestido floreado refunfuña cada vez que las hojas del periódico la despeinan. El chofer del bus frena bruscamente e insulta a un peatón.
De nuevo pongo la vista en ella. Está serena y palpitante. Por primera vez su mirada penetra en la mía y me despierta de la pesadilla de las cuatro. Siento dos filos que me atraviesan en una milésima de segundo. Sus profundas pupilas desconfían pero crean para mí un camino de palabras mudas y sonríe.
Hoy he decidido hablarle. El colectivo prosigue su minúscula vida sin reparar en su belleza. Un ruido infernal de máquinas me anticipa que falta poco para llegar. Miró por la ventanilla pero al volver la cabeza ella ya ha descendido, o nunca ha subido en realidad.

El muro


- Inténtalo, la salvación está en tu voluntad -.
Fue en ese mismo instante cuando abrió los ojos. Dormía en su lecho de piedra. No estaba seguro de si aquella voz era sólo producto de su imaginación o si su resonancia era escuchada en el ambiente. Hacía semanas que no veía su rostro, no lo recordaba. Tenía un objetivo, su salvación. Caminó por un largo pasillo en donde la oscuridad le cansaba la vista y la humedad le hacía doler los huesos. El silencio era absoluto, le parecía ensordecedor. Al cabo de un rato llegó al patio del edificio. No había árboles, animales, ni señales. La vegetación era nula y la vida incierta. Solo se vislumbraba el frío de los adoquines. Generaban una gran muralla parecida a la imposición de una montaña. Nuevamente interrumpió la voz.
- El juego es simple y el trato justo –
Ante la ausencia de algún ser le faltaron fuerzas para contestar. Era muy probable que aquel ente que realizaba los comentarios se había escondido, imposible saber donde se encontraba, ya que en aquel patio nada de lo que existía podía ocultar su identidad. Todo era homogéneo y gris. Las paredes eran macizas y fuertes. Se limitó a averiguar qué era el juego y cuál era su trato. En un instante decidió contener la respiración para escuchar lo que acechaba. Se puso de rodillas en un rincón de aquel gran patio girando la cabeza en ambas direcciones para revertir su situación, para dejar de ser presa y convertirse en cazador de aquella amenaza. Al cabo de un rato, cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, vio dos torres una en cada confín del muro. Lo vigilaban. Eso es lo que pensó con seguridad. Desde allí le estaban dando las directivas. En ese mismo instante se puso de pié y le hizo frente a aquella torre que tanto respeto le causaba. Los nervios le estallaban. Fue en aquel momento cuando intentó insultar con lo mas profundo de su conciencia a aquel ser omnipresente e invisible. Pero la voz nuevamente se le anticipó.
- Salta el muro y sé libre -
Se sorprendió ahora más que nunca. La voz lo arremetió desde atrás. Su percepción de haber descubierto a alguien en la torre fue endeble. Quedó atontado, estremecido. Se reincorporó de su estado meditabundo y se sumergió en su idea de traspasar la valla. La pared era alta. Debía tener unos treinta metros. Él la palpó como midiendo a su adversario. Clavó sus uñas en las inmediaciones de los adoquines, finamente colocados uno al lado del otro. Comenzó a escalar. Hizo más fuerza de la que había intentado en toda su vida. Su esfuerzo fué grande y el progresos débil. Los brazos y las piernas le temblaron. Su meta pareció hacerse realidad pero no sin sufrir consecuencias. Las manos se le rasparon fuertemente y sangraron. Su rodilla derecha se llenó de líquidos por el exceso de fuerza. Su hernia se hizo sentir más que nunca. El sudor cayó al compás de la sangre que chorreaba a través de aquel muro firme y frío. La voz lo alentó con un aire de burla.
- Solo te faltan unos metros, los más difíciles pero los más gustosos del juego-
Esas palabras de falso aliento le hicieron un ruido tremendo en los oídos. No lo pudo soportar. Su cuerpo se encontraba derrotado desde el comienzo, su voluntad corrió la misma suerte. Sus uñas se terminaron quebrando ante la presión de las rocas. Ambas manos quedaron destruidas con la misma intensidad. Su cuerpo cayó al vació en una caída libre de casi treinta metros. Su espalda golpeó contra el suelo y un chorro de sangre vertió de su boca. Había quedado casi inconsciente pero continuaba con la misma voluntad de averiguar qué le había sucedido. No lo entendía. Fue en ese mismo instante cuando gritó con toda su alma esperando la respuesta anhelada desde su primera acción. La voz se convirtió en forma de risa, en una carcajada ensordecedora. Se hubiera tapado los oídos de haberlo podido hacer. No le emitió respuesta.
Ahora abre los ojos y nuevamente se encuentra en su habitación escuchando una voz que le propone:
- Inténtalo, la salvación está en tu voluntad -
Se dispone a caminar y a llevar a cabo su cometido. Se levanta y se echa a andar por el oscuro pasillo.